Suplemento Las 12 del diario Página 12
Actriz y cantante, Mabel Salerno aprovecha su gusto por el estilo recargado para animar el show de su grupo, Mabel y los Inmaculados, con un repertorio romántico que le permite rodearse tanto de Gilda como de La Lupe, Lola Flores o Elis Regina. |
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Por Sonia Jaroslavsky
Guirnaldas de luces de colores se prenden y apagan en la entrada de la casa del barrio de Devoto de la actriz y cantante Mabel Salerno. No es una fiesta, no hay un cumpleaños, no es una pose: ella es una dama kitsch 100 por ciento.
Maby –como le dicen–, de noche, es la actriz y cantante del grupo teatral musical Mabel y los Inmaculados, y de día, del grupo de rock infantil Papando Moscas, que acaba de terminar una temporada de invierno muy exitosa en La Trastienda. Más que cantante, ella se define como “una actriz que canta” y esa fue la idea mentora: encontrar canciones que contengan cierta teatralidad del personaje que construye Maby y se nombra Mabel en los espectáculos que presenta con sus músicos, los Inmaculados: Guillermo Rey en piano; Beno Guelbert en bajo; Pablo Rojas en percusión; Martín Paladino en batería y Jape Ntaca en guitarra y arreglos.
Mabel (el personaje) es una antidiva. Una antihéroe que ha tenido muchos desamores. Convoca y hace partícipe a su público desde ese lugar de fracaso, de fracaso en el amor. Pasó por diferentes etapas en su vida: una época donde le daba mucho al chupi, u otra, donde se morfaba todo. “¡Por supuesto que estas adicciones son exclusivamente fruto de las dificultades y preciosuras que trae aparejado un gran amor!”, aclara con voz triste y melancólica. El grupo, que ya lleva más de diez años, ha realizado un recorrido persistente y poco a poco se ha ganado fieles seguidores.
Mabel Salerno viene del mundo de la plástica, pero allá por los ’80 entró por casualidad a tomar un curso de mimo en la famosa escuela de teatromimo de Escobar y Lerchundi. En ese momento, hacía furor el Clu del Claun y es así como Mabel ingresa en la técnica del clown de la mano de Hernán Gené y Gabriel Chamé Buendía. En el año ‘86 el Odin Teatret dirigido por Eugenio Barba hacía su primera presentación en Buenos Aires y Maby quedó deslumbrada. Guillermo Angelelli (actor y clown) fue uno de los que impartió el entrenamiento físico y vocal en esta línea. Maby fue alumna de su primer grupo de entrenamiento y durante cuatro años absorbió esta técnica intensa (entrenamiento de cuatro horas diarias, cinco veces por semana) dando por resultado el espectáculo Estigia, y en ella, el entendimiento de un cuerpo actoral sensible y técnicamente bien entrenado. Como una emergente de aquella movida de los ‘80, cuenta Maby: “Un día, unos amigos budistas me piden que prepare algo para un festival que organizaban. Con un amigo que tocaba la guitarra y su mujer que tocaba el teclado, preparamos un show que tenía un repertorio de canciones alemanas, árabes y españolas. Muy en la onda música del mundo. Al grupo le pusimos Los rodocrositas rosas, por la piedra nacional. Subo al escenario a cantar y todos se matan de la risa cuando esa no era la intención. Ahí me di cuenta de que había algo de eso en mí: el canto y la risa”.
El género que transita Mabel y los Inmaculados es el bolero por excelencia, pero, en Viajero, también hay cumbia, reggaeton, habaneras o calipso. Toda la música desde sus inicios es latina y si existe algún tema en inglés lo reversionan al castellano. “Elis Regina, Selena, Gilda, Lola Flores o La Lupe. ¡Están las mejores rodeándome!”, dice orgullosa de su repertorio. “Jape (su pareja y arreglador) sube o baja el pulgar, pero en general coincidimos, porque buscamos temas que tengan mucha riqueza musical”, agrega. Con el tiempo comenzaron a tildarlos como un grupo kitsch por los objetos singulares o el vestuario pomposo en sus shows. Ella comenzó a identificarse con eso que la rodeaba en su mismísima vida cotidiana y posteriormente lo plasmó en el escenario como una extensión de su vida que se filtra por una rendija. En varias de las presentaciones la acompañó, como artista invitado, Carlos Casella (El Descueve), además de bailarín, actor y cantante que oficia de galán para albergar el romanticismo de la diva. En Viajero apunta a la síntesis, sin tantos cachivaches multicolores festejando cada tema, y en el despojo, se pone de relieve la actriz, la cantante y la payasa que abren los corazones de su público y rebela la potencia del grupo.
Este año viene agitado para Mabel Salerno. Mañana se presenta en el Espacio Ecléctico de San Telmo con Viajero y con Papando Moscas planean una temporada de verano en La Trastienda. Además, Salerno ensaya la obra La tierra de las montañas calmas para el proyecto de Dramaturgias Cruzadas (Obras en proceso de Argentina y Europa) con el español Paco Becerra como dramaturgo y Matías Umpierrez en la dirección. Maby es la protagonista y compone a una mujer que busca la verdad que oculta la ausencia de su esposo. Se presentará en septiembre en el Teatro Callejón. Y, para terminar, otro proyecto la tiene eufórica: se encuentra en proceso de creación un unipersonal musical escrito por Santiago Loza (en cine: Extraño; Rosa patria) y dirección de Juan Parodi (en teatro: CariñoYacaré, El cabaret del Anfitrión). “La idea de este espectáculo es verla a Mabel sin sus problemas de amor porque lo ha encontrado, pero ahora... vienen sus problemas psicológicos por el temor a perderlo”, agrega Maby y sonríe.
por Enea enea@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección General: Maby Salerno Intérpretes: Maby Salerno: Canto y actuación Javier Ntaca: Guitarras “Frip” Piva Strauss: Piano – Teclados Lisandro Rodríguez: Bajo Ariel Pirosanto: Batería Pablo Rojas: Percusión Carlos Casella: Galán Invitado Producción Ejecutiva: Florencia Benenzon, Gustavo Libedinsky, Inmaculados Producción Moliere: Arq. Juan Carlos Iacoponi Dirección Musical: Javier Ntaca Escenografía y utilería: Valeria Alvarez Diseño de luces: Marco Pastorino Vestuario Mabel: Mariela "Beltrán" Berenbaum Vestuario Inmaculados: Antique Denim Asistencia en Escena: Coty Galli Prensa: Simkin & Franco. Funciones: viernes de marzo y abril, a las 21.30hs Lugar: Moliere Teatro Concert - Balcarce 682 - San Telmo Reservas: 4343-0777 Entrada: $20 Para más info: www.inmaculados.com.ar
Una mujer irrumpe en la escena, nos hace cargo de sus
problemas amorosos y nos envuelve y atrapa con sus labios rojos, sus ropas
llamativas, su abundante cabellera y, sobre todo, el corazón que se ilumina en
su cintura...
“Mabel y los inmaculados”, un grupo musical donde la música y el teatro se
conjugan traen esta vez a escena su espectáculo” A punto caramelo”.
Todo en escena resulta sobrecargado. Los colores saturados llenan el espacio, junto con el inagotable dispendio de cosas con forma de corazón (desde cantimploras hasta sillones). La percepción no sólo es visual sino también táctil debido a los materiales utilizados, como el terciopelo, el plush, y esas “telas de pelos largos”. También irán surgiendo otros elementos durante el espectáculo, que seguirán con esta misma línea, con esto nos referimos a los elementos escenográficos que sirven como ambientadores de las canciones; un ambiente nocturno se logra con una estatua de un búho sujeta a un palo, luces azules y bajas y un sillón colorados del cual se prenden luces en forma de corazón que se encuentran alrededor del respaldar.
En este grupo lo teatral resulta ser un elemento fundante. Mas allá de la escenografía utilizada, cada canción se articula como un elemento narrativo de una historia de amor. Encontramos momentos de odio, de anhelo, de perdón, etc. Oiremos quejarse a Mabel por aquel amor que ya no vale la pena, la veremos manejar su pequeño asunto con el alcohol, y ocupar todo el escenario con sus bailes y con su voz.
Las canciones abarcan un repertorio de conocidos (en su mayoría) autores dentro de los géneros de la balada, la cumbia y el bolero. Así reconocemos temas que van desde los mas famosos de Gilda hasta la canción de amor de Blancanieves.
El publico nunca es dejado de lado, se lo deja opinar y participar de los asuntos del corazón de Mabel, como así ser testigo de todo lo que sucede en escena, a espaldas muchas veces de los músicos- “los inmaculados”-.
En este espectáculo no existe punto medio, todo resulta altamente sobrecargado, y eso mismo es lo que resulta atractivo. No podemos evitar reírnos al entrar y ver la escenografía. La coherencia se mantiene durante todo el show, por eso nos mantenemos siempre atentos y creyentes de eso que sucede.
Así, “Mabel y los inmaculados” (en “A punto caramelo”) resulta ser un espectáculo donde las risas no faltan ante el disparatado y colorido despliegue que se da ante nuestros ojos. Y, si somos pacientes, es posible que al final Mabel nos saque a bailar...
A punto caramelo Azucar psicodélica y desbordante - por Enea - Imaginación Atrapada
Inside Buenos Aires,Marzo 2006
http://www.insideba.com/agenda/topicos/detalles.php?registroID=394#votos
Sho estuve ahí
Músicalmente impecable. Un repertorio bien elegido. Todo sazonado con el
humor desopilante de Mabel, una diva latina decadente (mezcla de Sú Giménez, la
Chona y Rita Turdero) que hace su retorno triunfal al show business, alardeando
de sus 20 kilos menos, y perjurando que ha dejado el alcohol (aunque nadie dijo
que el alcohol la dejó a ella).
Los Inmaculados, que con su atuendo estilo mafia nos recuerdan a los Iracundos
y/o a los Wawanco, acompañan brillantemente. Corazones y “brishitos” por
doquier, a tono con la ambientación kitsch muy bien llevada del espectáculo.
Vale la pena ir.
Valeria Duek
InfoSalida - Espectáculos teatro
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iiii A PUNTO CARAMELO Marzo 2006 |
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De Mabel y Los Inmaculados Con Maby Salerno, Javier Ntaca, "Frip" Piva Strauss, Lisandro Rodríguez, Ariel Pirosanto, Pablo Rojas y Carlos Casella Dirección: Maby Salerno Mabel es una cantante que, en el día de su vuelta a los escenarios, es abandonada por su novio. A partir de ahí, busca contención entre Los Inmaculados y en el público presente, al que canta su desamor y tristeza a través de boleros y más boleros. Muy buen show, con la dosis justa de humor ácido y un repertorio acorde, interpretado de manera solvente y ágil por una banda que no es sólo de acompañamiento sino que participa activamente del show. Los actores interactúan con el público, que acompaña a Maby en su derrotero de lágrimas. La caracterización de Mabel es de excelente factura, con una satirización de las divas del espectáculo y su aura de majestuosidad. Además, cuenta con dos asistentes para cada uno de sus caprichos para la puesta de las canciones, que matizan la situación tragicómica de la diva. Las luces y el sonido acompañan eficazmente toda la puesta. A punto caramelo es un espectáculo humorístico-musical de nivel, absolutamente recomendable para pasar un muy buen momento. Daniel Gaguine
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Critica Teatral.
Lunes 2 de Diciembre de 2002
LA NACION LINE | Ed. Anteriores | 2 de Diciembre de 2002 | Espectáculos | Nota
Tendencia: el género romántico resurge, con nuevo estilo, en la cartelera porteña
La revancha del bolero
Las canciones clásicas se tiñen de gestos teatrales, muy a lo Almodóvar
Los más conocidos son Los Amados, Mabel y Los Inmaculados y Sergio Pángaro
Son emergentes de la movida under de los años ochenta
Nadie sabe cuál es el pasado de Mabel y su grupo Los Inmaculados, sólo se puede intuir que es una cantante de boleros, con un toque inocentón y un costado de femme fatal, acompañada de una troupe de músicos -uno se hace llamar enigmáticamente el poeta- peinados con jopos y vestidos como para un salón distinguido de un hotel de La Habana de la década del cuarenta.
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La diva tropical tiene un acento extraño, mezcla de italiano, caribeño, porteño y brasileño, una melena roja como Rita Hayworth y un montón de chucherías y accesorios comprados en Once. Ella canta afiebrada eso de "quiero quemarme los ojos con un hierro candente..." En el éxtasis del sufrimiento la diva bolerística retuerce su cuerpo enfundado en un vestido ajustadísimo azul brillante. Gime y sufre como La Lupe, pero no arranca lágrimas, sino que, por su aire tierno y su torpeza, recuerda a una Niní Marshall que arranca una sonrisa cómplice del público más joven.
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Afuera llueve y el lugar está abarrotado. Es la madrugada y el clima íntimo le permite a Mabel desenvolver toda su faena de boleros -clavarse una a una esas cuchilladas de amor que destilan las letras-, canciones tropicales, italianas y hasta brasileñas. Las suaves cadencias agradan a las jóvenes de antaño, mientras que el público más modernoso disfruta con la imagen que irradia la cantante, como un icono kitch de postales de enamorados, con su perro caniche de juguete en los brazos y su sombrilla con luces de arbolito de navidad.
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El personaje de Mabel se repite en otras propuestas que forman un nuevo modelo romántico para armar. Más a lo Almodóvar. Emergentes de la escena alternativa del under de los años ochenta en el Parakultural, con una estética que roza el absurdo o juega con el cliché de la canción romántica como pretexto para contar historias mínimas con una apuesta más teatral y en espacios escénicos del circuito off, bares, teatros, café concert o antiguas confiterías como La Ideal. "No sé sin son los grupos los que marcan las tendencias, pero hay una necesidad de encontrarse con el amor y el humor... hay una calidad humana que ha cambiado, una mirada hacia las cosas menos frívola", explica una de las protagonistas de esta canción romántica formato siglo XXI.
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La búsqueda teatral
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"Yo empecé con Mabel, mi nombre real, a partir de mi trabajo en el teatro y mi necesidad de cantar. Cuando tuve ganas de trabajar con canciones con una carga más teatral el mismo objetivo me impulsó hacia el bolero. Con el tiempo la apuesta fue creciendo y a partir de esa idea de banda que interpreta las canciones románticas fuimos sumando un montón de características más teatrales, que se juegan de acuerdo con lo que da el tema. Para mí no se trata de burlarme desde el personaje, sino que toma esa influencia de mujeres como Mina o La Lupe, que según la letra tiene un giro más cómico y otras que las canto directamente por el placer de poner al descubierto esas canciones escondidas en disquerías."
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Además de una hurgadora en las viejas bateas buscando discos de otra época, Mabel colecciona otro tipo de cosas. "Soy una fanática de los juguetes. Por ahí me podés encontrar por el Once comprando chucherías como pistolitas que hacen ruido láser, boas de colores fuertes y un montón de accesorios que por ahí me disparan una idea para una canción. Algunas las usamos en el show y se van renovando, porque cuando me aburro de los juguetes los cambio por otros", confiesa esta intérprete que compone temas y que, por su perfil, también puede cantar en un grupo para chicos llamado Papando Moscas.
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Un enorme corazón hecho de flores se prende y se apaga iluminando la tenue luz que baña el escenario. Cual femme fatal, Mabel se desplaza hasta el centro del escenario junto a su pretendiente-galán-de-telenovela-latino con el que hace un dúo que queda eternizado en esa instantánea kitsch. El bolero dramático y apasionado genera el efecto contrario. El público se muere de risa. ¿Por qué si los versos parecen dejar en carne viva a la cantante? Ella tiene su hipótesis. "El amor es absurdo, de por sí, podés pasear por un tren que te lleva a miles de estaciones. Incluso con la distancia podés decir: cómo me metí en esto. Pero jamás esta diva se toma a risa, no es cínica, ella las vive desde ese absurdo, no es una burla, sino la mirada de ella, a la que le pasa de todo y le va mal cuando está frente a su enamorado. La gente igual lo toma por esos códigos que tienen más que ver con el humor", cuenta la cantante, que durante todas las trasnoches de este mes aparecerá en la confitería La Ideal.
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Diario Castellanos de Rafaela Santa Fe
Sobre la función del Sábado 14 de Setiembre de 2002
Mabel y los inmaculados en La Máscara
Más allá de prejuicios y rivalidades, hay que destacarlo: este Centro Cultural ha abierto un importante espacio para las diversas expresiones artísticas, principalmente las artes escénicas, acercando a la población local una oferta nueva, distinta, heterogénea de talleres, cursos, espectáculos, charlas, muestras, debates, entre otras cosas. Además se postula como un centro generador de acciones culturales que enriquecen y revalorizan las expresiones artísticas independientes, permitiendo el crecimiento y desarrollo de un lugar para el encuentro y la resistencia cultural. Por lo tanto, tanto para los protagonistas como para ese público acostumbrado, atento a las formas renovadoras del arte, era oportuno hacer del cumpleaños de La Máscara una verdadera fiesta. Y así fue.
La función
Comenzó con el preámbulo de Analía y Silvit, más incisivo y atrevido que en
los demás shows. El humor se instaló al momento con las ya usuales ‘salutaciones’
de funcionarios y personajes ausentes, en tono de rimbombante despedida por la
culminación del Ciclo. Incluso fue llevado a escena un directivo de la UNL de
Santa Fe allí presente, que se sumó a la atmósfera cálida, nuevamente
intimista de la noche.
Luego vino la soberbia presentación de Mabel y los inmaculados, un grupo compuesto por la cantante principal y seis intérpretes de guitarra, contrabajo, órgano, batería, percusión y saxo. Desplegando su extraordinario virtuosismo, los músicos mantuvieron, de forma casi hipnótica, el interés y el oído de la platea durante más de una hora. Así encendieron el viaje de Mabel a través de la canción, recurriendo a sobre todo al boleros, ritmos latinos, españoles y algo de bossanova, al tiempo que la estridente mujer, situada en el centro del proscenio, inquietaba con su cándida voz. Bastó sólo con un surtido repertorio, formado por una seguidilla de canciones con letras algo disparatadas, para causar suspiros en medio del silencio absoluto, casi diáfano (se respiraba un aire que hacía evocar un sabor por momentos tropical, de a ratos mediterráneo).
Prescindiendo del texto dramático, de una historia lineal o de los monólogos característicos de la modalidad de Café Concert, el elemento cómico, acaso innecesario por la irreprochable calidad de la realización, se apoyó fundamentalmente en la arreglada puesta en escena, construida bajo una estética bien kitsch: una barroca decoración que consistía en rosas de plástico colgando, un gigante corazón plateado que encerraba la figura femenina, atravesados por lucecitas propiamente navideñas; además, con diversos objetos como flores de papel, sombreros de plástico, sandwiches de goma, pistolas de juguete, la actuación se tornó aún más sobrecargada. Lo mismo con el vestuario: tanto los brillos y el escote del ceñido vestido de la femme, el maquillaje vivaz, como los trajes blancos de los varones y los respectivos anteojos oscuros configuraban una escena excesivamente ornamentada. La iluminación también contribuyó con lo suyo. De esta manera, mezclando boleros, humor y una extravagante vehemencia, la pintoresca interpretación de Mabel y los inmaculados culminó con el Ciclo, llevándose los merecidos aplausos.
El festejo
Luego del musical, nuevamente aparecieron las dos presentadoras para continuar
con bromas picantes y mucha ironía. El tono gracioso, aunque siempre áspero
-que se acercó, quizás demasiado, al reproche- distendió por completo a los
presentes (incluso hubo ridículas premiaciones para las figuras públicas
ausentadas). Subieron a escena algunos de los habitué del lugar: un grupo de
profesionales que provocó risas cantando un desafinado homenaje; también quien
fuera disputado por las dos mujeres a lo largo de todos los espectáculos. Una
gran torta reunió a todo el staff, al tiempo que se pronunciaron los
agradecimientos más serios; finalmente, la música cedió para la gran fiesta.
Diario Pagina 12 Sup. Espectáculos del Viernes 11 de Octubre de 2002
MABEL Y LOS INMACULADOS, EL CABARET DEL SIGLO XXI
Las deformidades de una divaMaby Salerno, una actriz-cantante que le aporta al espectáculo su humor grotesco es la figura central de un experimento teatral kitsch que mezcla pantomima, clown y música con toda naturalidad.
Por Cristian Vitale
La puesta es casi caricaturesca. Hay un telón tornasolado en el fondo, paraguas con luces, macetas, pistolas y perritos de plástico, y una banda de rockeros tocando bolero. Todo gira en torno a ella, Maby Salerno. La diva es la que canta, claro, pero también ejerce su profesión de clown. Se tira el piso, se desborda y hasta puede terminar sentada arriba de un asistente. Todo le sale mal: intenta seducir fumando un habano que en realidad dispara talco –y se nota–, canta un bolero apasionado cuyo "hambre de amar" sacia con un sandwich de milanesa y hasta tiene una pelea histérica con el galán de la obra –Carlos Casella–, que termina clavándole un puñal de plástico a la altura de la vagina sin que se derrame una gota de sangre. "Ella intenta venderse como una diva standard, pero después se va deformando poco a poco hasta terminar en cualquiera, despegada totalmente de la banda musical" dice Javier Ntaca, guitarrista, tratando de explicar de qué va "Mabel y Los Inmaculados", un experimento kitsch que mezcla clown, música y teatro en un mismo set.
"Estamos en el camino de descubrir qué es esto, por eso en cada presentación la improvisación es inevitable", prosigue Ntaca. Mabel y Los Inmaculados se está presentando todos los viernes de octubre en La Matriz y funciona como la continuación de un proyecto under iniciado por Mabel -que también canta y actúa en Papando Moscas— a mediados los 90’, llamado "Rodocositas Rosas", que tenía el mismo perfil pero con una estructura mucho más arcaica. "A Maby la conocí en un camping de Villa Gesell en 1986 y me contó sus proyectos –recuerda Ntaca–. Así empezamos a imaginarnos esto; en realidad nos íbamos a llamar El Faro 86 en homenaje al camping, pero después desistimos porque se nos ocurrió una idea mejor: en uno de los primeros shows le tiramos papelitos a la gente para que eligiera un nombre y el que más votaron fue Inmaculados." Mabel añade: "Sí, nos asociaban con lo blanco, lo virginal, las flores y la pasión. Hay como una simbiosis especial entre la iglesia y lo pasional. Creo que nuestro público nos identificó con eso". La banda se completa con músicos provenientes del rock. Están, entre otros, Pablo Memi –ex guitarrista de Los Ratones Paranoicos–, Pablo Fortuna, cuyo saxo aporta a la sección de vientos de Memphis La Blusera y el pianista Eduardo "Piva" Strauss, que aporta su visión: "el proyecto tiene mucho de experimental, además, porque a los rockeros a veces les cuesta aceptar esto de tocar boleros, un género riquísimo, personal y genuino que, sin embargo, es rechazado por mucha gente".
–¿Como es eso de ser rockeros tocando boleros?
–Javier Ntaca: De hecho estamos tentados todo el tiempo. Un par de personas nos recomendaron agitar por la veta de la cumbia y a mí no me parece mal porque cuando pintan los temas calientes el show levanta un montón. Además, en algunos boliches te rechazan cuando hablás de bolero.
–¿Cómo hacen para que funcione la mezcla entre teatro, música y humor sin caer en la hibridez?
–J.N.: Es un desafío medio extraño. Cuando nos planteamos hacerlo, Mabel decía: "yo soy actriz" y yo, que vengo del rock, le respondía: "la parte musical la tenemos que cubrir por completo". Solía pasar al principio que quedaba un producto mitad teatral y mitad musical, que era precisamente un híbrido. Por eso, definimos algo más serio. Ella se puso a estudiar canto con un profesor lírico y, a la vez, comenzamos a buscarle un perfil sonoro consistente.
–¿El espectáculo es una burla a la figura arquetípica de la diva?
–J.N.: No. Sólo jugamos. La cosa está encarada desde lo clownesco, que tiene que ver con eso de hacer visibles los errores. No nos burlamos de las divas.
–¿Cómo es la interacción con el público?
–Mabel Salerno: Nos influyen mucho sus reacciones. Creo que al ser el humor el hilo conductor y al introducir el tema del amor se provoca mucha identificación con lo humano. Uno, cuando ve un artista, lo ve siempre distanciado. En cambio acá, el artista se convierte en humano pese a estar en personaje y eso provoca desinhibición en la gente.
–Eduardo Strauss: Además, presentamos una visión del amor para nada edulcorada. Hablamos de un amor sensible, absurdo, intenso y dramático.
–¿Las reacciones de la gente predeterminan el rumbo del show?
–M.S.: Determinan el curso del show. Si el público está caliente, el show explota; sino queda todo como un simple recital. Tenemos un Plan B para cada ocasión que se aplica o no, depende el nivel de histrionismo de la gente. Si el público está receptivo, aplicamos el plan ambient; si está participativo, vamos a gas.
–E.S.: Hay un gran espacio de juego: puede transformarse en algo muy caliente o no; depende de si Maby los puede meter en el show o no.
–¿Y qué hay de la interacción entre la actriz y la banda musical?
–J.N.: Una imagen del show lo resume: en un momento la banda está sonando re sensual con un saxo lascivo y aparece ella con dos pistolitas disparando balas de mentira.
–J.N.: Hay mucha ingenuidad. Si bien Maby tiene un escote pronunciado, ella no busca seducir. La actitud seductora aparece en el primer tema y después te olvidás de lo bonita que es. No vendemos sexualidad, no aprovechamos que es tetona para mandarla al frente.
–M.S.: Igual, lo sexual aparece. Depende de las circunstancias, pero aparece.
Diario Ámbito Financiero 10/02
Boleros "posmo" para jóvenes fashion
Por Ricardo Salton
columnista de Ámbito Financiero
Mabel y Los Inmaculados retoman, de algún modo, la propuesta estética que hicieran popular hace ya tiempo Los Amados. El objetivo es partir del bolero y de la canción romántica centroamericana de principios o mediados del siglo pasado y aquello que fue profundo, serio, desgarrado, convertirlo -pasado por el tamiz de la posmodernidad-en algo gracioso, sarcástico. Por cierto, han elegido el lugar apropiado para esta propuesta, en el contexto de un barrio -eso que ahora llaman Palermo Hollywood-donde por esta época tienen cabida las experiencias artísticas que años antes se concentraban en San Telmo.
Si se hiciera abstención de la manera de vestirse y de maquillarse, tanto de la cantante Maby Salerno como de sus compañeros instrumentistas, muchas de las versiones -con temas como «El mosquito», «Angelitos negros», «La noche de anoche», «Un poco más», algún título de Chico Buarque, mucho bolero y ritmo afrocubano-merecerían una consideración muy alta. Los arreglos son muy buenos, los músicos tocan bien y la cantante conoce de sobra su oficio. Pero claro, es imposible escuchar «seriamente» un show que apunta permanentemente a la risa, con los gestos de Mabel, con las caricaturizaciones de los músicos, con los objetos que forman parte de la escenografía y el decorado, con ese vestuario, con las pelucas ridículas, etc. Seguramente, esta propuesta será del placer del público más joven -que ya está colmando la capacidad de La Matriz apenas comenzada la serie de shows-que encontrará motivos para divertirse con la manera de emocionarse que tenían sus mayores. Entre la gente más grande, en cambio, no faltará quien pueda sentirse herido en su propia sensibilidad.